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Escultura del diablo que develaron en Detroit

Es la escultura del ídolo pagano Baphomet que el grupo religioso Templo Satánico desveló en Detroit, Estados Unidos, en un acto al que solo se pudo ingresar con entrada.



El ser de cabeza y patas de chivo y cuerpo de hombre está flanqueada por dos niños.

El día y lugar de la presentación, "una noche de caos, ruido y libertinaje", les fue comunicado por correo a aquellos que compraron el boleto y que debían ser mayores de 18 años.

"Ven a bailar con el diablo y experimenta la Historia mientras se escribe", invitaban los organizadores a través de su página de internet.
Secretismo y oposición

Presentaron la escultura de bronce de tonelada y media de peso y 2,59 metros de alto en un edificio industrial junto al río Detroit, justo antes de las 11:30 de la noche.

Lo hicieron así, en secreto, "para reducir el hostigamiento", según declaró el cofundador de la organización, Lucien Greaves.

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Con ello se refería a las 50 personas que protestaron fuera del restaurante en el que inicialmente el Templo Satánico pretendía mostrar la estatua.

Un plan que tuvo que ser cancelado porque el dueño de negocio, Bert Dearing, se echó atrás.


Varios creyentes han protestado contra la escultura.

"Detroit es una zona muy religiosa", declaró Dearing a los medios locales. "Cuando les renté el lugar creí que se trataba de una iglesia. No sabía de la presentación de la estatua. No sabíamos que eran adoradores del diablo".

También hubo misas para rezar contra Baphomet, como la celebrada el sábado en la iglesia católica Saint Joseph de la ciudad, la más poblada del estado de Michigan.

"Lo último que necesitamos en Detroit es una fiesta de bienvenida para el diablo", declaró ante periodistas locales Dave Bullock, pastor de la iglesia bautista St Matthew, en Highland Park, ciudad del área metropolitana de Detroit.

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El sábado hubo una misa contra la iniciativa del Templo Satánico.

Así que los miembros del templo y sus simpatizantes tuvieron que gritar "Viva Satán" en otro lado, un lugar menos céntrico que el restaurante del distrito comercial Eastern Market.
Satán, "un rebelde"

Y es que la organización con matriz en Nueva York pero con representación en varios puntos del país sí reivindica a Satán, tal como señalan sus detractores.

Pero no lo hace por considerarlo un ser diabólico.

Según explica en su sitio web, lo entiende como "símbolo de la naturaleza inherente del hombre, la representación del eterno rebelde, de la libertad individual, más que una deidad o un ser sobrenatural".

Así, considera que los satanistas deben "trabajar duro para afilar el pensamiento crítico y ejercitar el cuestionamiento razonable de todas las cosas".


Para el grupo satán es el "símbolo de la naturaleza inherente del hombre, la representación del eterno rebelde, de la libertad individual".

"La misión del Templo Satánico es alentar la benevolencia y la empatía entre la gente. Además, abrazamos el sentido común y el de la justicia".

Por ello, la escultura es "un llamado a las armas con la que tendrá inicio nuestra mayor lucha en nombre de la libertad individual del libre ejercicio y en contra de los teócratas egoístas", explica la organización en su web.

En sintonía con ese discurso, la intención es llevar a Baphomet a Arkansas, estado cuyo gobernador, el republicano Asa Hutchinson, firmó en abril un proyecto de ley que autorizaría erigir un monumento a los Diez Mandamientos en los terrenos del Congreso estatal.
Intento en Oklahoma

El Templo Satánico ya había intentado colocar la escultura en un jardín cercano al Capitolio estatal de Oklahoma, cerca del obelisco de los Diez Mandamientos instalado en el lugar en 2012 a pesar de las dudas sobre su constitucionalidad.

El monumento dedicado al conjunto de principios éticos y de adoración que juegan un papel importante en el judaísmo y el cristianismo fue financiado por el republicano Mike Ritze, miembro de la cámara baja del Congreso estatal.

Para evitar conflictos en relación con la separación de la Iglesia y el Estado al colocarlo en una propiedad pública, lo nombraron parque monumental.

La Corte Suprema de Oklahoma concluyó que el monumento a los Diez Mandamientos situado en terrenos estatales viola la Constitución.

Pero ahora, tras años de controversia y batallas legales, el 30 de junio la Corte Suprema de Justicia de Oklahoma concluyó que la pieza viola la sección de la Constitución estatal que prohíbe la utilización de la propiedad del Estado en beneficio de una religión.

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Ante esto, varios legisladores estatales amenazaron con buscar la destitución de los jueces de la Corte y se comprometieron a impulsar cambios en la Constitución.

Y la gobernadora republicana de Oklahoma, Maria Fallin, anunció que mantendrá el monumento en su lugar hasta que el Estado apele la decisión del tribunal.

Mientras, y aunque Baphomet, "una de las obras de arte contemporáneas más controvertidas y políticamente cargadas del mundo", no ha sido aún colocado en ningún lugar, el Templo Satánico celebró su presentación como un logro.

"Es un triunfo artístico sin igual, a la vez que un testamento de la pluralidad y del poder de la acción colectiva", señala el grupo en su página web.
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Los grande secretos del sueño son revelados.

ANTES DEL OLVIDO Y LA CAÍDA EN LOS BRAZOS DEL SUEÑO HAY UNA POSIBILIDAD DE PERCIBIR DE OTRA FORMA, ACASO SIN LAS CONSTRICCIONES DE LA MENTE RACIONAL, Y PENETRAR EN UNA DIMENSIÓN MÁS SUTIL DE LA CONCIENCIA, CUYA TOPOLOGÍA IMAGINAL HA SIDO CELEBRADA POR ILUSTRES EXPLORADORES




Todos hemos escuchado sobre –y ojalá experimentado– las virtudes creativas y espirituales del sueño. Al internarnos en el espacio onírico, nuestra mente consciente abandona el control y se activan zonas más profundas que suelen ser profusos surtidores de imágenes, historias y en ocasiones revelaciones, descubrimientos e incluso teofanías. Pero más fértil todavía que el sueño –tomando en cuenta su producción en proporción a su duración– es esa fase en la que merodeamos en el umbral del sueño y, mientras somos llamados por Morfeo y las ninfas del Leteo, mantenemos una ligera conciencia, un ágil aplomo y nítida recolección. Estamos, por así decirlo, entre mundos, en la encrucijada –la zona favorita de Hermes, en un espacio liminal desde el cual podemos experimentar la extraña dinámica de mundos contiguos que se encuentran en un vórtice de corrientes psíquicas. El centro de nuestra percepción parece haberse movido y nuestro proceso de pensamiento se hace transparente e ingrávido, somos observadores, relativamente desapegados, de la mente que se autosimboliza… y se desvanece. Por segundos estamos en algo que podría describirse como un sueño lúcido, solo que aún no hemos entrado propiamente en el territorio del sueño, en el inframundo, y se nos permite también mirar hacia la luz de la vigilia y enlazar mundos y estados de conciencia. 



Este estado previo al sueño es llamado “estado hipnagógico” (que lleva o eleva al sueño) e históricamente ha sido usado por científicos, artistas y místicos para de alguna manera minar su propia conciencia –o la del universo mismo que se interpenetra– y obtener joyas que parecen estar incrustadas en las puertas de la percepción de los intermundos. La lista de personalidades que se han servido de este estado y que incluso han aprendido a extenderlo y refinarlo es vasta y merece revisarse a manera de aliciente para la propia psiconáutica. 



Sin embargo, en una primera parte, quiero concentrarme en la descripción del estado hipnagógico que hace R. A. Schwaller de Lubicz en su

biografía novelada, escrita por André VandenBroeck, Al-Kemi. Schwaller de Lubicz es probablemente el maestro detrás de “Fulcanelli”, el adepto que habría conseguido atrapar el espíritu en los vitrales, como ocurrió antes en los “rojos y azules de Chartres”. El libro de VandenBroeck cuenta la breve etapa en la que el autor fue instruido por De Lubicz (el alquimista Aor) en la ciencia hermética. A diferencia de algunos libros de este tipo –de iniciación esotérica, maestro y discípulo, como los de Carlos Castaneda, sabemos por lo menos que Schwaller de Lubicz existió y podemos de alguna manera evaluar su “doctrina”, leyendo sus libros, especialmenteThe Temple of Man, una obra monumental sobre la ciencia sacra del Egipto faraónico, que tal vez sea una de las últimas grandes obras esotéricas. De Lubicz explica:

El segundo antes de caer en el sueño es el momento más valioso del día, cuando el córtex cerebral se apaga y tú sigues en una conciencia despierta. Realmente es el estado meditativo perfecto, y las asociaciones hechas en ese estado no obedecen reglas lógicas; pueden traer consigo verdaderas revelaciones al liberarse de la rutina de los significados racionales. Como la mente ha abandonado el control, pero no la conciencia, deja el campo abierto al complejo emocional que usualmente yace suprimido y atado por la mente. Date cuenta que la presencia última de la más alta función intelectiva, aunque en un estado completamente pasivo, es esencial porque sin esa presencia simplemente estás dormido y soñando, y nadie nunca ha logrado nada en un estado de sueño profundo… Algunos estados de conciencia pueden compararse con sueños, pero si han de servir a la conciencia, deben ser una agudización, no una obnubilación.

En este estado se sumerge André VandenBroeck después de meditar sobre una “esfera espiral” y escuchar hipnóticamente la frase “Le verre de Chartres est teint dan sa masse par l’espirit volatile des mètaux” (“el vidrio de Chartres está teñido en su masa por el espíritu volátil de los metales”). No es poca cosa dentro de su instrucción, porque para De Lubicz la alquimia es fundamentalmente un trabajo de percepción, de ver la operación hermética ocurriendo perpetuamente en las cosas más ordinarias. “Estoy enseñando una conciencia funcional que necesita un corte momentáneo, une coupure, una eliminación del córtex cerebral tan bien lograda que no solo las maquinaciones del cerebro desaparezcan sino también toda representación formal”. “Entre menos esté presente la cabeza, más se inscribirá por la vibración emotiva… Es importante el rol de los estados emotivos en la inscripción”. La inscripción, según De Lubicz, es el cultivo y almacenaje de la conciencia que trasciende la existencia temporal de un individuo. Momentos de percepción depurada, como se nos abre la posibilidad antes de dormir, podrían convertirse una especie de impresión eterna, de ver la eternidad pero sobre todo de inscribir la eternidad en el organismo (conocer es convertirse en lo conocido). En diversos momentos De Lubicz esboza una teoría de la percepción, el gesto alquímico:

Hay una visión pertinente a cada momento cósmico particular… el momento presente, tal como lo defino en mi libro, es de hecho la eternidad.

Sabemos que todo se está creando cada momento, y todo también se pierde [cada momento]… La Obra [alquímica] no es el descubrimiento de una técnica… es la percepción de un proceso existente. Es la percepción la que es objeto de estudio y oración. 


“La dormición de la Madre de Dios”

VandenBroeck así entiende lo que le presenta De Lubicz: “En este silencio total las palabras formarían significados de la manera más natural, sin nuestra interferencia. Ahí el universo hablaría, no el córtex cerebral. Este es el acto, el estado de conocimiento”. Este dejarse para que el universo entre o hacerse a un lado para ser atravesado por la inteligencia cósmica parece ser un motivo común a la hipnagogia entre místicos de todas las eras. Gary Lachman cuenta que el filósofo neoplatónico Jámblico, entre sus múltiples prácticas teúrgicas, utilizaba la hipnagogia, “una condición entre la vigilia y el sueño” en la que venían ‘voces’ y ‘luces’ brillantes y tranquilas” aparentemente enviadas por la deidad. Swedenborg, el gran místico sueco, dice Lachman, “desarrolló un método para inducir y explorar estados hipnagógicos, en los que viajaba al cielo, al infierno y a otros planetas”. Famosamente el químico August Kekulé descubrió la estructura del anular de la molécula de benceno vislumbrando un uróboros (una serpiente que se muerde la cola) durante un sueño hipnagógico.

Leer.
Tradicionalmente la imaginación es el órgano de la percepción de los mundos sutiles por excelencia. La imaginación que tal vez se activa en esos momentos de duermevela (de veleo y de vuelo), justamente cuando el cerebro se retrae y quita las manos del volante, puesto que como creen los místicos sufíes, la imaginación y la intuición no son dependientes de la mente, sino que se ubican más en el corazón, “el órgano que produce conocimiento verdadero, intuición comprensiva, gnosis (ma’rifa) de Dios y de los misterios divinos”, dice el islamólogo Henry Corbin. Quizás antes de dormir manteniendo la calma en ese momento vertiginoso podemos alcanzar a ver con el corazón por algunos instantes y, con el ojo abierto del corazón, espiar la eternidad o percibir el translumbramiento del paraíso.

Existe una aristocracia de exploradores hipnagógicos, Gary Lachman enlista algunos: William Blake, Samuel Taylor Coleridge, Thomas De Quincey, Edgar Allan Poe, Gérard de Nerval, Havelock Ellis, C. G. Jung, Jean-Paul Sartre, Ernst Jünger… Espero que esta introducción a las delicias misteriosas de la hipnagogia y particularmente al abrevadero del momento justo antes de dormir –en el filo del cielo-abismo– sean un buen aliciente para que quien lee esto intente observar su propio proceso de entrada al sueño: esa conciencia particular de atravesar una puerta. Se me ocurre que una forma de hacerlo es practicando la famosa meditación pitagórica de revisar antes de dormir los acontecimientos del día –así, que la película del día corra hasta disolverse en la pantalla del umbral como podría ocurrir también con la muerte o ese instante final en el que, según cuentan, se puede ver toda una vida de alguna manera contenida en un momento y desdoblándose justamente en esa percepción de la luz que se libera de la estrecha limitación del cerebro. El momento antes de dormir es el momento más importante del día y el momento antes de morir es el momento más importante de la vida: ambos, uno intuye, son en realidad el mismo momento. Tal vez el estado de hipnagogia sea un escenario virtual para entrenarnos para la muerte y no perder lo que hemos logrado en conciencia, en términos de Schwaller de Lubicz, lo que hemos inscrito en nuestro ser, inefablemente hasta los huesos.

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